Defensores

En tu tiempo de oración, ¿practicas para defender el caso de otro? ¿No hiperventilando con muchas palabras, sino abogando por su causa ante el Señor?

Proverbios 23:10-11, ” No cambies de lugar los linderos antiguos, ni invadas la propiedad de los huérfanos, porque su Redentor es fuerte; Él defenderá su causa contra ti.” Otra forma de ver a alguien que defiende una causa se ve en la palabra “defensor”. No “litigar” sino “abogar”. La idea de un abogado, como alguien que defiende una causa, en hebreo es una combinación de dos palabras, la primera es “luchar con” y la segunda es “contender por una causa”. Hay una lucha involucrada. El espíritu de la palabra “abogado” es diferente al de “litigar” en el sentido de que “litigar” significa argumentar dentro del proceso judicial insinuando que una persona tiene razón y la otra está equivocada. De ninguna manera estoy diciendo que vamos delante del Señor como el que tiene razón y Dios está equivocado. ¡Nunca! Pero lo que estamos haciendo es más como una intercesión, dando a conocer las necesidades y hablando con Dios acerca de por qué pensamos que nuestra petición ante Él es una buena idea… no es que discutimos con Dios cuando abogamos.

En 1 Juan 2:1, Juan usa la palabra abogado en el sentido de alguien que consuela además de abogar por la causa de otro. Interceder puede ser un poco más agresivo, pero sigue siendo una forma de abogar. La palabra griega en inglés para “abogado” es en el sentido de una “persona llamada para ayudar, convocada para dar asistencia”, lo que nos da el significado de “ayudante en la corte”. A pesar de que no hay una referencia clara a nuestra defensa en los tribunales, la idea sigue siendo, más o menos, en tonos legales. Parecería que ser un abogado por otro, es parte de lo que Pablo estaba escribiendo en Gálatas 6:2: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”.

En Job 16:1-2, cuando el escritor dijo: “He oído muchas cosas así; miserables consoladores sois todos vosotros.”, la palabra “consoladores”, en hebreo, se usa en el sentido de alguien que intercedería y abogaría por mi causa ante el Señor, que obviamente los amigos de Job eran mucho más litigantes negativos sentados en el estrado de los fiscales, que defensores positivos.

He notado de mí mismo, durante mi tiempo de oración, que no quiero quedarme atascado en la repetición de memoria, “bendícelos Señor”, “ayúdanos oh Dios”, “sánalos Señor”, una y otra vez por falta de palabras. No estoy diciendo que esas no sean cosas buenas para orar, porque lo son. Lo que yo estoy diciendo es que me gustaría ser un mejor defensor, abogando por la causa de los demás de manera más efectiva, usando palabras que marquen la diferencia.

Cuando Dios le dijo a Abraham en Génesis 15:1 que Él era su escudo, la palabra “escudo” se usa en el sentido de un “protector”, un abogado que contiende por la causa de otro. En Deuteronomio 33:29, el Señor es declarado como el “escudo de tu ayuda, y espada de tu triunfo.” Él es la personificación de un escudo y una espada para nosotros, un escudo como alguien que intercede para ayudar, y como una espada que divide la verdad de la ficción, definiendo la victoria. En el proceso de pecar, creo que nuestros sentidos se ofrecen a razonar con nosotros sobre la delicada delicia de nuestro deseo, como un empleado manipulador influiría en el jefe para obtener lo que quiere. Eso es manipular, no abogar.

Jesús fue y es un abogado de los pecadores ante Dios, y me gustaría ser mejor en la defensa de aquellos que están encerrados en una prisión oscura de su propia creación, e incluso de aquellos que están, por consentimiento, en la cama con maldiciones con las que han estado de acuerdo, pero se preguntan por qué la vida no es mejor de lo que es. En 1 Juan 2:1-2, el apóstol escribe: “…tenemos un abogado para con el Padre, Jesucristo el justo.  Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los pecados de todo el mundo.” Él es nuestro defensor y consejero legal, y es suficiente para cualquiera que necesite un ayudante y un escudo. Esto no es universalismo, que sostiene que Él murió por todos, arrepentidos o no, ni es solo una “expiación limitada”, lo que significa que Él solo murió por una élite, unos pocos elegidos. Como nuestro abogado, Él es también nuestra propiciación, es decir, por Su sangre en el Calvario, Él satisfizo el justo requerimiento de justicia de Dios. “El que no conoció pecado se hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” Jesús es nuestro propiciador, nuestro Defensor de entre los muertos, a la diestra del Padre donde intercede por nosotros ante el trono celestial. Por lo tanto, como nuestros defensores, estamos seguros de esa intercesión, de esa justificación, de esa satisfacción.

Si Jesús es tu abogado, tú también, sí, TÚ, has sido empoderado para abogar por los que te rodean. Si sabemos que Dios nos escucha en todo lo que pedimos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos pedido. Pienso en un abogado como alguien que hace peticiones, que apela a la autoridad suprema en nombre de otro con respecto a una causa en particular. Podemos hacer un mejor uso de nuestro tiempo de oración. Dios nos dará palabras para marcar la diferencia si estamos dispuestos a extendernos, consistentemente, a favor de los demás. Te lo garantizo.

¿Qué te parece?

Gracias por escuchar, soy Social Porter para el Ministerio Viviendo En Su Nombre.

Traducción por Alfredo Magni Sozzi.

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